Nadie entiende lo que sufro.
Nadie escucha el dolor de mis entrañas, pues estas suenan con un vacío horrible. Un vacío de alma que carcome todo mi ser y lo deja como un conjunto de polvo de olvido.
Sonrio, no paro de hacerlo. Rio, tampoco paro. Y duele, por que en el fondo deberia estar llorando. Debería gritar, derrumbarme al suelo, sollozar, autolesionarme quizá.
Pero yo rio fuertemente.