domingo, 13 de septiembre de 2015

14: 14

Son las jodidas 6 de la mañana. Llevo quizá una hora de siesta. Tu descansas en un lecho recetado, el sueño que compraste en la farmacia. Hace dos días que te rompiste por completo. Me gustó recoger tus cenizas para ver como renaces poco a poco. Y casi lo consigues. Casi te vas, solo dejando una pequeña nota de luz en mi odioso movil. Casi dejas todo atrás.
Lo mejor de todo, es que me siento egoista por querer retenerte. Yo, que tengo el mismo instinto de pasar el umbral con una cuchilla lamiendo mis entrañas. Siento que te obligo a seguir. Que te prohibo una salida con mi lengua de serpiente. Que te engaño para que sigas en un mundo en el que ni yo mismo tengo claro que quiero continuar. Nunca me había sentido tan azul oscuro.
Pero mira, mi niña: estoy tomando sus caramelos, me porto bien. ¿Así saldremos de aquí? Quizá en algún momento nos vendrá a recoger con su furgoneta y nos llevará a su castillo. Ya sabes de donde te hablo, el sitio donde los demás niños no juegan. Donde todos miran al techo y esperan que el reloj se coma los huecos del calendario.
Pero nosotros queremos seguir jugando fuera, ¿verdad mi vida? Quizá tengamos que usar los trucos que no aprendimos siendo tontos adolescentes para poder querernos de forma libre, sin que nuestros padres nos obliguen a nada. Quizá tenemos suerte y nos llueve una fortuna de la nada, y podemos irnos a tomar por culo sin que nos molesten.
Entiendo lo que hiciste el otro día. Sé que no puedes más. Sé que no eres capaz de aguantar más dolor. Y lo sé por que yo también he estado así. Y cada vez estoy más cerca de ese dolor.
¿Y sabes qué? Nunca me había sentido tan azul oscuro. Nunca había estado dispuesto a matarte para aliviar tus demonios. Ni había estado dispuesto a después estar dispuesto a afrontar cualquier consecuencia que conllevara.
Solo sé que, estés donde estés tras morir, volveremos a vernos.
Y está en tus manos saber cuantas gotas de arena te quedan aquí.


Hola de nuevo. Aún sigo vivo, si. No sé cuánto más me llevará esto de vivir, pero seguro que será hasta el final.
He ido al retocador de ollas, y me ha recetado unos caramelitos. A ver si consigue arreglarme la relojería retorcida de mi cabeza.
Buenas noches.