La vida es como nadar, ¿no?
Gastamos nuestra vida buscando por la superficie, dando vueltas, buceando, cogiendo aire, buscando un lugar donde mantenernos a flote... pero... ¿para qué nadamos todos?
Cada uno tiene un motivo diferente, cada uno le busca una finalidad distinta... o simplemente, no la encuentra por que no le parece importante.
"Yo sigo nadando, a ver qué pasa." "No se qué pasará si nado más hacia adentro, me da miedo; mejor me mantengo flotando." "Si llego hasta esa isla, podré encontrar buena comida." "Le demostraré a todo el mundo que al final de todo hay solo hielo."
Lo que es más curioso, es que, por mucho que todos naden, al final todos acaban al fondo del agua. Te haces viejo y no puedes seguir nadando; te disparan en el pulmón y te ahogas; dejas de tener ganas de mantenerte a flote y te hundes a ti mismo; tu cuerpo falla, y dejas de nadar. Solo eres un plomo que cae hasta las aguas más profundas, esperando a ser disuelto entre el líquido y el salitre.
Y todos parece que temen esto.
Aunque no podemos evitar la atracción que el abismo causa en nuestros cuerpos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario