martes, 28 de octubre de 2014

4: me faltas

A veces, no sé que sentir, ni que pensar.
Porque solo hay un vacío: años de silencio y oscuridad comprimidos en el devenir de unas circunstancias que castran mis emociones.
Solo puedo recoger unas migas que dejas, de señal. Y, caminando de cuclillas, espero llegar a rodearme de tus muslos. Aunque quizá sea demasiado tarde, y solo existan los huesos raídos de una esencia que supiste dejar calada, esperando en una butaca de piedra.
Nada me parece tan irritante. Tan irritante como querer y no saber. Y dejar que mi mente imagine para, una vez más, confabular en mi contra.
De nuevo, la preocupación marca el ritmo de un talento pesado. Es la pauta para una vieja vida, falta de aliento. Es el metrónomo que calcula nuestros latidos, el uno muy lejos del otro. Y que, al final, se rompe por desuso.
Es una marca más en mi piel, una grieta más en mi alma. Y mientras todo parece ir bien, un niño en mis ojos te suplica por favor.
Porque no hay dolor más grande, que sentir el vacio de tu existencia, aún sabiendote cierta.

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