Yo no he nacido para quedarme en un rincón quejándome por que alguien me clavó el tenedor en el corazón. Hay que saber levantarse para recibir un nuevo golpe.
Ya sabes, aprendes de cada cubierto que te clavan: si sabes como evitar un tenedor, quizá después sabrás como evitar un cuchillo o una cuchara. Alomejor, unas pinzas traicioneras se te claven sin darte cuenta; pero después sabrás como evitar el ataque.
Va a ser así, hasta que encuentres alguien que te ponga la mano en el pecho, comprenda lo que has pasado, te enseñe cuantos cubiertos le han clavado, y os riáis por ello.
Y quizá recibas más cubiertos, pero, esta vez, los recibirás en la mano. Y eso, se llama confianza.
lunes, 24 de noviembre de 2014
10: Cubertería
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