Escamas inundan mi disco. Soy un engendro monstruoso, un bicho repelente. Y, entre la porción infinita que supone la ración de mi cuerpo, existe la inexistencia: el vacio que lo traga todo. Este enloquece mi ansia. Me atrae inexplicablemente hacia mi de nuevo.
Me pliego en mi mismo, giro. Todos mis extremos quieren llegar al centro a la vez. El vértigo es poderoso. Éste me lleva al mismo sitio que hace un instante. Hace que no pare.
Vuelvo al existir. Existo volviendo. Y, de vuelta, existo. Así, me desprendo. Así, caigo a trozos. Así, me despido. Así, vuelvo a saludarme.
No dejo de nacer. No paro de morir. No ceso de crecer. No olvido de perder. Todo yo vuelvo a reencontrarme conmigo mismo. Nuevamente, nazco de un cadaver oculto. Sigo en mi destructiva creación.
jueves, 13 de noviembre de 2014
8: Uróboros
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario